La pregunta llega casi siempre igual: «quiero una web sencilla, para enseñar lo que hacemos, cuánto me costaría». Y la respuesta honesta es que depende de tres cosas, ninguna de las cuales es el diseño.
Las tres cosas que mueven el precio
Cuántas páginas distintas hay. No cuántas pantallas ves, sino cuántas plantillas hay que diseñar. Una web de doce páginas donde diez son iguales cambiando el texto cuesta lo mismo que una de cuatro.
Si el cliente puede hacer algo o solo leer. Reservar hora, pagar, subir un archivo, buscar en un catálogo. Cada verbo añade trabajo. Una web que solo informa es barata; una que gestiona algo, no.
Quién escribe los textos. Este es el que nadie mira y el que más presupuestos hunde. Si los textos los pones tú, el proyecto avanza. Si los tenemos que escribir nosotros, hay que entender el negocio primero, y eso son horas.
Los tramos, con lo que hay dentro
De 400 a 700 euros
Una web de presentación. Entre cuatro y seis secciones, tus servicios, tus fotos, un formulario que llega a tu correo y el enlace directo a WhatsApp. Adaptada a móvil, con el certificado de seguridad puesto y dada de alta en Google.
Es lo que necesita la mayoría de negocios locales que nos escriben: una peluquería, un taller, un despacho de dos abogados, una clínica pequeña. No es una web «de bajo coste», es una web del tamaño correcto.
Lo que no incluye: tienda, reservas con calendario, área privada ni traducciones.
De 700 a 1.500 euros
Aparecen las páginas por servicio, que son las que traen visitas de Google. En vez de un único apartado «Servicios», tienes una página para cada cosa que vendes, escrita para que alguien la encuentre buscando justo eso.
Aquí entran también el blog, la integración con un sistema de citas, el multiidioma y una estructura pensada para crecer sin rehacerla.
De 1.500 a 3.500 euros
Tienda online de verdad, con pasarela de pago, gestión de stock, envíos y devoluciones. O una web con funcionalidad propia: un configurador, un calculador de presupuestos, una zona privada para clientes.
El salto de precio no es por el diseño. Es porque a partir de aquí hay que probar cosas que pueden fallar con dinero de por medio.
Por encima de 3.500 euros
Ya no es una web, es software con aspecto de web. Conexión con tu ERP, catálogos de miles de referencias, precios por cliente. Si te piden esto y tu negocio no lo necesita, te están vendiendo de más.
Los costes que no aparecen en el presupuesto
- Dominio: entre 10 y 15 euros al año. Ponlo a tu nombre, siempre.
- Alojamiento: de 60 a 150 euros al año para una web normal.
- Correo con tu dominio: incluido en muchos alojamientos, o unos 6 euros al mes por buzón si lo quieres en Google o Microsoft.
- Mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad y cambios pequeños. Entre 15 y 50 euros al mes, y es opcional.
Sumado, una web de negocio pequeño cuesta unos 100 euros al año en sostenerla. Menos que el móvil de un empleado.
Cuota mensual o pago único
Hay empresas que te montan la web por 40 euros al mes sin entrada. Suena bien hasta que sumas: son 1.440 euros en tres años y la web no es tuya. Si te vas, te quedas sin nada.
La regla que aplicamos nosotros: el dominio a tu nombre y los archivos de tu web, tuyos. Si un día decides irte, te los llevas. Un proveedor que no acepta eso no está protegiendo su trabajo, está protegiendo su facturación.
Cómo leer un presupuesto sin ser técnico
Cuatro preguntas que separan lo serio de lo demás:
- ¿A nombre de quién queda el dominio?
- ¿Cuántas rondas de cambios entran en el precio?
- ¿Los textos los escribo yo o los escribís vosotros?
- ¿Qué pasa el día después de publicar? ¿Quién toca la web si quiero cambiar un teléfono?
Si las cuatro respuestas son claras y están por escrito, da igual que el presupuesto sea de 400 o de 3.000: sabes lo que compras.