Vemos webs de negocios todas las semanas. Los mismos siete fallos, una y otra vez, en sectores que no tienen nada que ver entre sí.
1. Tarda demasiado en cargar
La causa número uno son las fotos. Una imagen recién salida de una cámara pesa entre 4 y 8 megas. Diez de esas en la portada son cincuenta megas que alguien tiene que descargar con la cobertura de la calle.
Cómo se arregla: redimensionar a 1.600 píxeles de ancho y guardar en formato WebP. Se pasa de 6 megas a 200 kilobytes sin que se note a simple vista. Es media tarde de trabajo y suele ser el cambio con más efecto de todos.
2. No se entiende qué vendes
Titulares como «Soluciones integrales adaptadas a cada cliente» podrían ser de una asesoría, de una empresa de limpieza o de una consultora informática. Si tu titular vale para cualquiera, no vale para ti.
Cómo se arregla: escribe lo que le dirías a alguien en un ascensor. «Reformamos baños en Valencia en dos semanas.» Eso es un titular.
3. La web no pide nada
El visitante llega al final de la página, le ha gustado lo que ha leído, y no hay ningún botón. Ha ido bien hasta el último metro.
Cómo se arregla: un botón claro al final de cada sección. Uno solo, con un verbo. «Pedir presupuesto», no «Más información».
4. En el móvil se ve mal
Entre el 60 y el 75 % de las visitas de un negocio local llegan desde el móvil. Y hay webs donde en móvil el menú se solapa, los botones quedan pegados o hay que hacer zoom para leer.
Cómo se arregla: abre tu web en tu propio móvil. Ahora. Los fallos gordos se ven en treinta segundos.
5. No dice dónde estás
El nombre de la ciudad no aparece por ninguna parte, ni en la portada ni en los títulos. Google no adivina la zona en la que trabajas.
Cómo se arregla: la ciudad en el título de la portada, en el pie de página, en la ficha de Google y en la dirección escrita como texto, no dentro de una imagen del mapa.
6. Todo lo escribiste hace cuatro años
Precios de 2022, un servicio que ya no ofreces, un teléfono antiguo. Cada dato caducado le resta credibilidad a la web entera.
Cómo se arregla: media hora, dos veces al año, con una lista: teléfono, correo, horarios, precios, servicios, fotos del equipo.
7. Nadie mira si funciona
Este es el error que sostiene a los otros seis. Sin datos, la conversación sobre la web es de gustos: a mí me gusta más el azul.
Cómo se arregla: instala una herramienta de medición gratuita y mira dos números al mes. Cuánta gente entra y cuánta contacta. Con eso ya puedes decidir.
El fallo silencioso: el formulario roto
Aparte de los siete, hay uno que no se ve y cuesta dinero directo: el formulario que envía a un correo que ya nadie abre, o cuyos mensajes caen en spam.
Pruébalo hoy. Rellena tu propio formulario con un texto que reconozcas y comprueba que llega. Nos hemos encontrado negocios con nueve meses de contactos perdidos y la sensación de que «la web no sirve para nada».
Por dónde empezar
Si solo puedes tocar tres cosas: comprime las fotos, reescribe el titular de la portada y pon un botón visible con el teléfono. Es la tarde mejor invertida que puedes dedicarle a tu web.